Su nombre es Ignacio Moreno, tiene 12 años y padece de síndrome de down. En este momento él vive con su mamá y su hermana, su papá lo visita de vez en cuando, sin dejar de tener una buena relación.
En esta fotografía él demuestra su personalidad, alegre, dinámico y lleno de cariño.
Ignacio se levanta todos los días de la semana a las 8 am, siguiendo esta rutina la mayoría del tiempo. En esta fotografía se muestra que su madre lo ayuda en su aseo personal preparándolo para ir al colegio, mostrándose él muy contento y motivado por la cámara, ya que, según su familia, la mayor parte del tiempo le da mucha flojera levantarse.
Pude percibir que Ignacio es un niño muy cariñoso con sus compañeros, ya que, muchos de estos lo recibían con abrazos y mucho entusiasmo, esta foto en particular muestra a Nachito con su mejor amiga Barbara.
Magaly, que es su apoderada, lo acompaña en la mayoría de sus actividades, participando activamente en los centros de padres del curso de su hijo.
Sonando la campana del comienzo de clases, su madre lo va a dejar a la sala, se despiden cariñosamente, ansiosos por volverse a ver en la tarde.
Ya en su casa, juega al computador, esperando que su mamá termine el recorrido diario como tía de furgón.
Con su hermana alimentan la tortuga de agua que tienen como mascota, Ignacio se muestra un poco tímido, no le gusta tocar a las mascotas, porque para él es desagradable su textura, pero luego de un rato, este sede un poco y se muestra menos tenso.
Finalmente su madre llega al hogar y prepara la once, mientras esto sucede sale a jugar a la pelota con su amigo de la villa.
Me fijé que cada vez que sonaba el teléfono, él partía corriendo a contestarlo tomando una actitud seria y concentrada para poder tomar atención a las palabras dichas al otro lado del teléfono.
Ya acabando el día revisan las tareas programadas para la semana.
Me intereso mucho fotografiar y realizar un seguimiento a este personaje, por que es una historia común, pero pocas veces vista, estos niños en general son muy cariñosos, y en este caso en particular se nota muy poco la diferencia entre Ignacio y un niño sin síndrome, este se maneja muy bien en su vida diaria, es muy respetuoso y calmado, también es un niño muy curioso y muchas veces tuve que decirle que hiciera como que yo no existía, por que siempre posaba a las fotos que le tomaba.
Tenía la curiosidad de ver si un niño síndrome de down podía hacer las mismas cosas que un niño sin síndrome, pudiéndolo comprobar. Conversando con su familia me comentaron que lo fundamental es la educación y apoyo que se les da dentro del núcleo familiar.


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